Habitación 450 / Room 450

Instalación Habitación 450 / Room 450, 2008

 
«La instalación se compone de un microscopio y una caja de preparaciones. Para hacer las preparaciones, utilicé una resonancia magnética cerebral que me habían practicado unos años antes. Sobre los cortes sagitales, transversales y longitudinales superpuse las fotografías de la habitación 450 del Hospital General de Castellón, donde estuvo ingresado mi hijo. Una vez superpuestas las imágenes realicé las diapositivas en miniatura de las mismas, y las coloqué en los 23 portas para que pudieran observarse a través del microscopio.»
Rossana Zaera

Portaobjetos: Recuerdo nº1: El padre y Recuerdo nº14: Miguel, y Caja de preparaciones
Portaobjetos: Recuerdo nº1: El padre y Recuerdo nº14: Miguel, y Caja de preparaciones

Cada preparación muestra qué recuerdo, y en qué parte de mi cerebro, quedó registrado. Solo mediante la observación a través de lentes de aumento compuestas se podrá acceder a los días de aquella habitación.

Estas son algunas de las diminutas diapositivas (0,8 x 0,8 y 0,7 x 1 cm. aprox.) montadas en los portaobjetos para ser observadas a través del microscopio.

 

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7 preparaciones microscópicas de la instalación

Javier Moscoso escribió —y yo no sabría expresarlo mejor— que en mi exposición, Habitaciones sin número, «se llega al extremo incluso de eliminar a los testigos de esa carga inefable de sufrimiento y angustia. Más aún, la ausencia de numeración excluye cualquier forma de asignación unívoca de un dolor que no está representado. La sensación se oculta bajo el frío anonimato de lo que debió ocurrir, de lo que pudo pasar o de lo que debió ser». Ahora, en Habitación 450 ocurre lo contrario. La narración se refiere a mi hijo, a un espacio concreto donde se gestan emociones complejas y se borran las fronteras entre lo físico y lo psíquico, entre el cuerpo y el alma.
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Javier Moscoso wrote, and I couldn’t say it any better, that my last exhibition, Rooms without numbers, «Goes to the extreme, even eliminating the witnesses to this ineffable burden of suffering and angst. Even more, the absence of numbers excludes any form of singular assignation of a pain that is not represented. The feeling is hidden under the anonymous cold of what must have happened, what could have happened, or what could have been.» Now, in Habitación 450,(Room 450) the opposite occurs. The narrative refers to my son, to a concrete space where complex emotions are formed and the boundaries between the physical and the psychic, between body and soul, are erased.
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